
El 2020 y 2021 fueron años de mucha incertidumbre debido al Covid-19, y a eso podríamos añadir la crisis que vivimos en Bolivia a finales del 2019. ¿Qué es lo que nos sostuvo en medio de estas crisis? ¿Y qué es lo que nos continúa sosteniendo en medio de las dificultades diarias como la pérdida de trabajo, problemas familiares e interpersonales y las diferentes pérdidas que a veces sufrimos? ¿Cómo es que los cristianos podemos ser capaces de a travesar tiempos de dificultad y de sufrimiento? Y la respuesta es: por la realidad de la resurrección de Jesús.
La resurrección de Jesús nos ofrece Poder para vivir la vida cristiana, no en nuestras fuerzas que se agotan fácilmente, sino sostenidos por el mismo Poder que resucitó a Jesús de entre los muertos y, además, la resurrección de Jesús nos ofrece esperanza que nos asegura la gloria futura que nos espera a los que tenemos fe en Jesús. Leamos 1 Corintios 15:17-19:
17 y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es inútil; todavía estáis en vuestros pecados. 18 En tal caso, también los que han dormido en Cristo han perecido. 19 ¡Si sólo en esta vida hemos tenido esperanza en Cristo, somos los más miserables de todos los hombres!
Estas palabras fueron escritas por el apóstol Pablo. Él plantó la iglesia de Corinto y pasó un año y medio ahí enseñando la Palabra (Hechos 18:1-11). Pero luego de que se fue comenzaron una serie de problemas en la iglesia. Entonces, en esta carta él intenta corregir estos problemas ayudando a los corintios a aplicar el Evangelio de Jesús en cada área donde tenían dificultades. Y de entre todas las cosas que Pablo quiere corregir (divisiones, inmoralidad sexual, desacuerdos en cuanto a la comida, desordenes en las reuniones de la iglesia), él habla también del tema de la resurrección de Jesús. Porque aparentemente había personas en la iglesia de Corinto que no creían en la resurrección de los muertos. Esto representaba un gran problema, porque si los muertos no resucitan, entonces tampoco Jesús resucitó, y si Jesús no resucitó, todo el cristianismo se viene abajo, y no sólo eso, sino que la humanidad entera pierde la esperanza. Como dije hace un momento, la realidad de la resurrección de Jesús nos ofrece:
- Poder (para vivir la vida cristiana)
- Esperanza (de un futuro glorioso)
Entonces, veamos cada una de estas cosas. Primero, la realidad de la resurrección nos ofrece:
Poder
El v17 decía: “y si Cristo no ha resucitado, su fe es inútil; todavía están en sus pecados.”
Inútil es algo que no sirve para nada, es decir, algo que no dará resultados. Es como querer manejar un auto sin gasolina, no va a ir a ningún lado, no importa si pisas el acelerador a fondo, el hacer esto es inútil, no resultará en nada. Una fe, sin la realidad de la resurrección es así de inútil.
¿Qué pasaría si dijéramos lo siguiente? “Yo creo en el cristianismo, creo que sus valores son buenos para la sociedad: el amor al prójimo, la humildad, pero las historias de la biblia son fantásticas, no podemos considerarlas como hechos que ocurrieron verdaderamente. Por ejemplo, la resurrección. En esta época de ciencia, creer que Jesús resucitó es inaceptable, la resurrección es sólo un mito, pero tiene una linda enseñanza.”
El problema con este modo de pensar es que pretende vivir una vida cristiana separada de la fuente de poder para vivir esta vida cristiana. La resurrección de Jesús es la fuente de poder para el cristiano, porque la Biblia enseña (Efesios 1:18-20) que el mismo poder que resucitó a Jesús de entre los muertos obra también en las vidas de los cristianos, este poder nos hizo nacer de nuevo, este poder nos ayuda en la vida diaria, este poder nos transforma, este poder nos da victoria en la lucha con el pecado. Pero si la resurrección de Jesús nunca ocurrió, si es tan sólo un mito, entonces ese poder no existe, y aunque tengamos fe en que podamos ser mejores, carecemos del poder para lograrlo.
Pero alguien podría decir: “pero mira cuánto ha avanzado la humanidad, cuánto hemos progresado y logrado en nuestras fuerzas.” Sí, la humanidad ha avanzado mucho en tecnología y conocimiento, pero hay un problema. Permítanme leerles una cita del Pastor Timothy Keller en su libro “Esperanza en tiempos de temor”. Él dice:
“La ciencia no puede erradicar la maldad humana—de hecho, puede darle más herramientas para usar para sus propios fines.”
Timothy Keller, Esperanza en Tiempos de Temor
Es verdad que la humanidad ha progresado mucho, y así como hemos usado muchos avances para el bien, hemos usado muchos otros para el mal. Y es que existe un problema de raíz en el corazón humano, vemos esto en conflictos bélicos grandes como por ejemplo, la guerra en Ucrania, pero no sólo vemos la maldad humana en estos ejemplos a gran escala, sino que la vemos a diario en los conflictos matrimoniales, la violencia intrafamiliar, el egoísmo, el chisme, el orgullo, la discriminación, la intolerancia, la corrupción, etc. La humanidad no tiene el poder para solucionar su problema más grande: el pecado. Por eso Pablo les dijo a los corintios: “si Cristo no ha resucitado, su fe es inútil; todavía están en sus pecados.”
¿De qué nos sirve creer en Jesús si es que Él no ha resucitado? ¡Esto sería inútil porque en nosotros carecemos del poder para vencer al pecado! Si la resurrección es un mito, entonces seguimos en nuestros pecados y seguiremos en ellos. Pero, Jesús resucitó, esa es la garantía de que la paga por nuestros pecados fue cancelada. Si Jesús siguiera en la tumba ¿cómo sabemos que Su sacrificio en la cruz funcionó? No lo sabríamos, pero Jesús resucitó para nuestra justificación (Romanos 4:25).
Y Su resurrección no es un mito, es un hecho histórico. Pablo, al principio del capítulo 15 de 1 Corintios dijo: “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras… fue sepultado y … resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras… apareció a Pedro y después a los doce. Luego apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven todavía; y otros ya duermen. Luego apareció a Jacobo, y después a todos los apóstoles. Y al último de todos, como a uno nacido fuera de tiempo, me apareció a mí también.” (1 Corintios 15:3-8)
Luego de morir por nuestros pecados, Jesús resucitó, y se apareció a muchas personas, y este encuentro con el Jesús resucitado transformó radicalmente las vidas de estos testigos, convirtiéndolos de cobardes en valientes predicadores, de perseguidores impetuosos en mensajeros sacrificados que llevan las buenas nuevas, pasaron de ser un grupo pequeño de judíos en Jerusalén, a ser un pueblo multicultural y multiétnico que hasta el día de hoy trasciende fronteras e idiomas. La realidad de la resurrección transformó poderosamente las vidas de estas personas, su fe no fue inútil.
Si tú crees en Jesús, tu fe tampoco es inútil, si crees en Jesús ya no estás en tus pecados, la resurrección es la garantía de esto. Y el poder que levantó a Jesús de entre los muertos, te hizo pasar de muerte a vida, te limpió de tus impurezas, te dio un nuevo corazón, y ahora puedes vivir esta vida sostenido por ese mismo poder.
Hablando de este poder de la resurrección, el apóstol Pablo dijo en este mismo capítulo de 1 Corintios: “[Jesús] me apareció a mí también. Pues yo soy el más insignificante de los apóstoles, y no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no ha sido en vano. Más bien, he trabajado con afán más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios que ha sido conmigo.” (1 Cor. 15:10)
Un encuentro con Jesús resucitado transformó poderosamente al perseguidor, quien, por la fe en Jesús, ya no estuvo más en sus pecados, sino que por la Gracia de Dios trabajó para Dios llevando el evangelio a los confines de la tierra.
Hagamos un ejercicio. Tomemos las palabras del apóstol Pablo y hagámoslas nuestras, adaptándolas a nuestra vida. Digamos todos juntos:
“Jesús resucitado se reveló a mí también. A mí el más insignificante… porque pequé contra Dios. Pero por la Gracia de Dios soy lo que soy, y Su Gracia para conmigo no ha sido en vano. Más bien, ahora trabajo con afán… pero no yo, sino la Gracia de Dios que ha sido conmigo.” (Adaptado de 1 Cor. 15:8-10)
Sabes, en esta semana, cuando te sientas sin fuerzas, cuando estés batallando contra la tención recuerda que la resurrección de Jesús te ofrece poder. Y repite estas palabras a ti mismo, en lugar de escuchar a otras voces, di a ti mismo: “Jesús resucitado se reveló a mí también, y Él me da el poder para seguir adelante, poder para amar a Dios y amar a mi prójimo.”
La resurrección de Jesús nos ofrece poder y, además, nos ofrece:
Esperanza
El v18 dice: “En tal caso [si Cristo no ha resucitado], también los que han dormido en Cristo han perecido.”
Una de las cosas más duras que atravesamos en esta tierra es la muerte de nuestros seres queridos. Especialmente en los últimos dos años hemos llorado la muerte de muchos debido al Covid-19. Sin embargo, la Biblia llama a los que han fallecido: “los que duermen”. El cuerpo de una persona que ha muerto parece el cuerpo de una que tan sólo está durmiendo. Pero cuando la Biblia se llama a los que han muerto “los que duermen” está comunicando mucho más que un simple parecido físico. Los que murieron son como los que duermen porque al igual que el sueño, la muerte es temporal. Al igual que uno que duerme despertará, los muertos se levantarán un día.
Pablo, en este mismo capítulo llama a Jesús: “[las] primicias de los que durmieron.” Es decir, Jesús es el primer fruto de una gran cosecha que vendrá después. Su resurrección garantiza ese futuro. Esa es la esperanza que nos ofrece la realidad de la resurrección de Jesús, la esperanza segura de aquel día en que todos resucitemos de entre los muertos, al igual que Jesús resucitó.
Cuando Jesús resucitó, Él no era un espíritu inmaterial, no era una aparición fantasmagórica, Él resucitó físicamente, con un cuerpo que podía ser palpado. En una de las ocasiones en que Jesús se apareció a Sus discípulos luego de Su resurrección, ellos pensaron que Jesús era un espíritu, y Él les dijo: “Miren mis manos y pies, toquen y vean. Un espíritu no tiene carne y huesos.” (paráfrasis de Lucas 24:39) Seguido de esto Jesús les dijo: “¿Tienen algo de comer? Y le dieron pescado asado, y lo comió delante de ellos.” (paráfrasis de Lucas 24:40-42) Jesús resucitó con un cuerpo físico, sin embargo, es un cuerpo diferente al nuestro. Los evangelios muestran a Jesús luego de Su resurrección, entrando en lugares que tenían las puertas cerradas (Juan 20:19, 26), y después ascendiendo a los cielos (Hechos 1:11). El cuerpo resucitado de Jesús, aunque siendo carne y hueso, palpable, es diferente a un cuerpo terrenal, de hecho, es un cuerpo que puede estar en el cielo, en la presencia de Dios. Podríamos decir que es un cuerpo espiritual, no inmaterial, pero espiritual en contraste con lo terrenal, incorruptible en contraste con lo corruptible.
Los que tenemos fe en Jesús tenemos la esperanza de resucitar un día, al igual que el Señor Jesús, con cuerpos glorificados. Pablo dice:
42 Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción; se resucita en incorrupción… 44 Se siembra cuerpo natural; se resucita cuerpo espiritual… 51 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados 52 en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final. Porque sonará la trompeta, y los muertos serán resucitados sin corrupción; y nosotros seremos transformados… 54 Y cuando esto corruptible se vista de incorrupción y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: ¡Sorbida es la muerte en victoria!
1 Corinthians 15:42, 44, 51-52, 54
Tenemos garantizada una victoria final sobre la muerte.
El año pasado falleció la abuelita de mi esposa, no debido al Covid, sino por el desgaste natural y el deterioro por su edad avanzada. Meses antes de su fallecimiento pudimos visitarla, a manera de despedirnos, y en esta visita pudimos ver que ella ya estaba muy cansada, ya no era la mujer llena de energía que antes conocimos. Y el deterioro físico siguió su curso hasta que falleció. En esta vida esa es la condición humana, nos deterioramos. Todos los mayores de 30 sabemos eso. Pasando los 30 años la vida física es en bajada, pero en Jesús tenemos esperanza. La abuelita de mi esposa, que ahora está durmiendo, por su fe en Jesús un día despertará con un nuevo cuerpo que jamás se cansará, jamás se deteriorará y podrá servir y amar con energía inagotable a Dios y al prójimo por toda la eternidad. Y no sólo ella, sino todos nosotros que tenemos fe en Jesús.
Pero ¿qué pasaría si Jesús no resucitó? ¿qué pasaría si esto fuera un mito? Entonces: “los que han dormido en Cristo han perecido.» Perecer, en este texto conlleva la idea de destrucción total. Uno puede destruir algo y después reconstruirlo, sin embargo, esta palabra habla de algo que es destruido de manera irreversible, sin vuelta atrás.
Si la resurrección es un mito, entonces, esta vida es todo lo que tenemos y cuando muramos no hay vuelta atrás. Por eso el versículo 19 dice: “¡Si sólo en esta vida hemos tenido esperanza en Cristo, somos los más miserables de todos los hombres!”
El cristianismo no sirve, es inútil, si es que sólo te ofrece algo para esta vida, porque esta vida es corta y finita. Si es así, entonces somos los más miserables de todos los seres humanos, es decir, estamos en un estado de ruina completa, pensando tener algo no tenemos nada.
Si Jesús no ha resucitado ¿qué puede ofrecer el cristianismo a las personas enfermas o a aquellos que sufren? ¿qué puede ofrecer el cristianismo a aquellos que padecen desórdenes mentales, a aquellos que nacen con problemas genéticos, o a aquellos que viven pocos días? Si Jesús no ha resucitado, el cristianismo no tiene nada que ofrecer. Pero como Jesús sí ha resucitado, esta realidad nos ofrece esperanza.
En Jesús hay esperanza para los que ahora están enfermos, para los que ahora sufren y lloran, esperanza para los que están cercanos a la muerte, esperanza para los que sufren trastornos mentales, esperanza para todos. Porque, así como Jesús resucito, los que tenemos fe resucitaremos también. Y esa nueva creación, esta transformación, ya comenzó. Hace un momento decíamos que Jesús es las primicias, ese primer fruto de una gran cosecha, la Nueva Creación, ya está aquí, ahora, en el presente a través de la resurrección. Y si bien, la Nueva Creación será perfeccionada en el futuro, en el presente podemos disfrutar de anticipos. Por ejemplo, ya hemos nacido de nuevo, ya hemos recibido un nuevo corazón, estamos siendo transformados a diario de gloria en gloria a la imagen de Jesús (2 Corintios 3:18), y nos dirigimos confiadamente hacia un futuro glorioso, a aquel día en que la Nueva Creación sea perfeccionada y se extienda a todo el universo, aquel día en que la transformación será también de nuestros cuerpos.
Acerca de esto, el autor Andrew T. Walker, en su libro “Dios y el debate transgénero” dice los siguiente:
“… ser una nueva creación en Cristo es experimentar la promesa que espera en su plenitud a todos aquellos que ponen su confianza en Él–es ser capaz de anticipar con certeza el día venidero cuando el desorden de la creación sea puesto en orden…
… para la persona que está luchando con cualquier… producto de la caída–hay esperanza, puede haber cambio, y un día habrá una transformación total… un día, la muerte pasará… y disfrutaremos la eternidad como personas conforme al diseño de Dios. Para el cristiano, el gozo es eterno y la dificultad tiene una fecha de vencimiento.”
Andrew T. Walker, Dios y el Debate Transgénero
No sé cuál es tu lucha, tal vez alguna enfermedad, tal vez, debilidad o cansancio, sufrimiento físico o mental. Todas estas cosas tienen una fecha de vencimiento. En medio de todas ellas cosas hay esperanza gracias a la resurrección de Jesús. Caminemos confiados de nuestro destino final, ya falta poco para llegar allá. Cobremos fuerzas recordando la realidad de la resurrección.
Conclusión
La resurrección es una realidad. Si la consideramos como algo mitológico o fantástico, entonces carecemos del poder para vivir la vida cristiana y carecemos de esperanza para esta vida y para el futuro. Pero gracias a Dios que la resurrección es real.
Y antes de terminar quiero que hagamos 2 cosas.
Primero, a manera de aplicación, quiero que leamos todos juntos una paráfrasis del pasaje que hemos estudiado. Esta paráfrasis está redactada cambiando el pasaje en su sentido opuesto, y nos va a ayudar a reforzar lo que hemos aprendido:
… Cristo ha resucitado, nuestra fe no es inútil, ya no estamos en nuestros pecados. Por eso, también los que han dormido en Cristo no han perecido. Tenemos esperanza en Cristo, y no sólo para esta vida, somos los más afortunados de todos los hombres.
Esta semana cuando veamos las noticias acerca de lo que está pasando en el mundo o al atravesar una u otra dificultad, no permitamos que estas cosas nos jalen para abajo. Digámos a nosotros mismos: “Soy la persona más afortunada del mundo porque mi Dios se hizo hombre, murió por mis pecados y resucitó de entre los muertos. En Él hay Poder y Esperanza.”
Grabemos esta verdad en nuestras mentes y corazones.
Y la segunda y última cosa que quiere hacer antes de terminar es dar una breve recomendación de dos libros para aquellos que quieren leer y considerar un poco más acerca de la evidencia histórica de la resurrección. Yo no soy un historiador ni un académico, pero puedo recomendarles algunos recursos interesantes. Uno de estos libros es: “Evidencia que demanda un veredicto” de Josh McDowell, es una compilación de evidencia histórica acerca de la resurrección y otros temas. Es un muy buen libro que compila varias fuentes. Vale la pena tenerlo como referencia. Y el segundo libro es: “Esperanza en tiempos de temor” de Timothy Keller. Este no es un libro académico, pero en su primer capítulo hace un muy buen resumen de los argumentos históricos y racionales en cuanto a la realidad de la resurrección. Vale la pena leer este libro.
Bien, con esto vamos a terminar orando, agradeciendo a Dios por la realidad de la resurrección de Jesús.
Padre Celestial, te damos gracias por la obra perfecta y completa de nuestro Señor Jesús; por Su vida, muerte, resurrección y ascensión, y por la esperanza que tenemos en Su segunda venida. Te agradecemos porque la resurrección es una realidad que nos da poder y esperanza, y te pedimos que esta semana ese poder y esperanza nos sostengan y, no solo esta semana, sino a lo largo de nuestro peregrinaje en esta tierra hasta llegar a casa para estar contigo por la eternidad.
En el Nombre de Cristo Jesús, amén.

