Sin Jesús no hay futuro

Hoy continuaremos nuestras reflexiones sobre el Evangelio según Mateo, leyendo el relato del nacimiento de Jesús. Leamos Mateo 1:18-25.

Hay dos temas bíblicos que ya mencioné ayer y que vuelven a aparecer en este texto, y hay otros dos nuevos temas. 

Vuelve a aparecer el tema de la promesa de Génesis 3:15, de uno nacido de mujer que derrotará a la serpiente. Esto cobra mucha más forma en este pasaje: El v18 dicen que se halló que María había concebido del Espíritu Santo. Nuevamente, Mateo apunta a Jesús nacido de mujer. No nacido de José y María, sino nacido de mujer como fue profetizado en Génesis 3:15. Jesús es el descendiente de la mujer que derrotará a Satanás.

Otro tema que vuelve a aparecer en este pasaje, y que también vimos ayer, es que Jesús es el Rey descendiente de David. En el v20 el ángel le dijo a José: “José, hijo de David”. Para Mateo es importante que sus lectores entiendan la conexión de Jesús con la línea de reyes davídicos. Jesús es el heredero al trono de David, y es el Ungido que reinará por la eternidad. Y el resto de las palabras del ángel a José son también importantes para entender esto, el resto del v20 dice: “… no temas recibir a María tu mujer, porque el Niño que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo.” El Padre de este niño es Dios mismo, el v18 dice: “concebido por obra del Espíritu Santo” y el v20 dice: “el Niño que se ha engendrado… es del Espíritu Santo”. Uno de los Salmos Mesiánicos por excelencia, el Salmo 2, dice acerca del Rey Ungido por Dios, v7: “Mi Hijo eres Tú, Yo te he engendrado hoy…” v12 “Honren al Hijo…” Jesús es el Rey Davídico, Hijo de Dios, que tendrá un reino eterno y debe ser honrado.

Entonces, Jesús es el descendiente prometido en Génesis 3, y el Rey Davídico, Hijo de Dios prometido en 2 Samuel 7 y prefigurado en el Salmo 2. Y además de estos temas bíblicos importantes que encuentran su cumplimiento en Jesús, Mateo identifica a Jesús con la figura del Siervo Sufriente, y con el cumplimiento del Nuevo Pacto.

El ángel le dijo a José en el v21: “Y dará a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados” La historia de Israel fue una de un ciclo de pecado y desobediencia, quebrantando el pacto que Dios había hecho con ellos en el Monte Sinaí al darles la Torá. Ellos fueron castigados por esto al ser exiliados, pero junto con las palabras de juicio acerca del exilio, vinieron también, por medio de los profetas, palabras de esperanza apuntando al perdón de los pecados del pueblo a través del sufrimiento del Siervo de Jehová. Isaías 53 dice que la manera en la que los pecados del pueblo serían sanados, iba a ser a través de una sustitución, en la que Jehová iba a mandar a Su Siervo, quién iba a morir y ser castigado en lugar del pueblo, para que ellos puedan experimentar el perdón de los pecados. Jesús es el Siervo Sufriente que, como dijo el ángel a José: “salvará al pueblo de sus pecados.” Y el tema del perdón de pecados es otro tema bíblico importante que Mateo trae a nuestra atención porque apunta a sus lectores al Nuevo Pacto.

Luego de su redención Israel es llamado a ser el pueblo de Dios, disfrutando de una relación especial con Él al vivir en obediencia a la Torá. Dios hizo un pacto con ellos, que ellos quebrantaron con su desobediencia a la Torá. Y los profetas antes y durante el exilio anunciaron un Nuevo Pacto, diferente al del monte Sinaí; este nuevo pacto iba a incluir el perdón de los pecados, la regeneración del corazón de las personas, y la morada del Espíritu en los corazones. El profeta Jeremías, por ejemplo, habla de este nuevo pacto en el capítulo 31 de su profecía. Entonces, al anunciar el perdón de los pecados a través de Jesús, Mateo está apuntando a sus lectores a darse cuenta de que el cumplimiento de las profecías del Nuevo Pacto estaba cerca. A esto también apunta la cita que Mateo pone del profeta Isaías en el v23: “«HE AQUÍ, LA VIRGEN CONCEBIRÁ Y DARÁ A LUZ UN HIJO, Y LE PONDRÁN POR NOMBRE EMMANUEL», que traducido significa: «DIOS CON NOSOTROS».”

Al leer acerca del Nuevo Pacto en los profetas, vemos que Dios promete morar con Su pueblo, y una frase que se repite constantemente en estas profecías es: “ellos serán Su pueblo y Él será su Dios.” Finalmente, esto será posible porque Jesús es “Emmanuel, Dios con nosotros” Dios habitando en medio de Su pueblo, la Presencia de Dios con Su pueblo. Esto apunta también a otros grandes temas bíblicos, como el tabernáculo y el templo; hay mucha riqueza en estos pasajes, pero por ahora vamos a dejarlo aquí.


Reflexionemos acerca de estas cosas por un momento, acerca de Jesús como el descendiente prometido de mujer, el Rey Davídico Hijo de Dios, el Siervo Sufriente, y Emmanuel “Dios con nosotros” que es el cumplimiento del Nuevo Pacto. Todas estas promesas y profecías apuntan a un futuro glorioso, apuntan a la victoria sobre Satanás, apuntan a un Reino Justo, Pacífico y Eterno, apuntan al perdón de los pecados, a consolación, reposo, bienestar y gozo eternos. Estas promesas apuntan a un futuro brillante a través de Jesús. En otras palabras, sin Jesús no hay futuro, sin Jesús no hay victoria, sin Jesús no hay paz, no hay justicia, sin Jesús no hay perdón de pecados, no hay consolación, no hay reposo, sin Jesús no hay bienestar y gozo. Sin Jesús no hay futuro. Toda la esperanza futura para el universo, para Israel y las naciones se centran en una sola persona, en Cristo.

La gente en toda época, no sólo en los tiempos bíblicos, ha deseado un futuro mejor. El famoso John Lennon escribió la conocida canción donde decía: “Imagina que no hay países, no es difícil de hacer, nada por qué matar o morir, sin religión, imagina a las personas viviendo en paz” El problema con este pensamiento es que este futuro de paz no es posible sin Cristo. No sirve de mucho trabajar para un futuro mejor sin Cristo, porque esto no durará, sólo en Jesús es que tenemos esperanza de un futuro de paz, victoria, bienestar, perdón, consolación y gloria. Entonces, nosotros como el pueblo redimido de Dios, mirando al futuro glorioso en Cristo, podemos vivir ahora amando al prójimo, podemos vivir ahora sirviendo a otros, podemos vivir ahora perseverando en medio de la aflicción, podemos vivir ahora trayendo luz a este mundo; sólo porque sabemos que en Jesús hay un futuro, y sin Él no hay ninguno.

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